Los enconados enemigos de Venezuela mantienen visiones diametralmente opuestas del origen de la violencia que sacude al país caribeño desde hace un mes. Los frenéticos esfuerzos del Gobierno para neutralizar la sangría provocada por bandas armadas y paramilitares de uno y otro signo no sólo han resultado estériles sino que la imagen institucional del chavismo, desfigurada hasta el absurdo por una prensa internacional volcada en favor de la oposición, quedará marcada por algunas actuaciones que superan el límite de la sospecha.
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